Hace
un par de años, navegando por la efervescente prensa digital, vi
aparecer una noticia que por un motivo u otro no me sorprendió lo más
absoluto. Dentro del artículo aparecían fotos donde grupos de soldados
israelíes posaban, esbozando una sonrisa, junto a palestinos muertos,
como si de una bonita estampa de caza se tratase. Otras fotos eran tanto
o más perturbadoras, donde si bien el palestino no estaba muerto, sí
que estaba vejado o en plena tortura, recordando a las fotos que no hace
muchos años aparecieron en Irak, donde soldados estadounidenses se
mofaban de las torturas que realizaban a los iraquíes. Pero ¿Cómo ha
llegado el pueblo más maltratado de la Historia a convertirse en uno de
los mayores adalides de la intolerancia y la violencia desmedida? Para
observar el cambio radical que ha sufrido el pueblo de Israel vamos a
intentar esbozar unas pinceladas en la historia del antisemitismo, que
al contrario de lo que piensa mucha gente, viene de mucho antes de la II
Guerra Mundial y de Auschwitz.
El señalamiento o maltrato al pueblo judío viene de la mano de la aparición del cristianismo, de lo que se conoce como el deicidio,
o la culpa judía por la muerte de Jesús en la cruz. Desde que se
establece el cristianismo oficialmente en el Imperio Romano, los judíos
son vistos como apestados y donde se realizan matanzas de ellos cada
pocos años. La cosa no mejora para ellos en la Edad Media,
donde son estigmatizados con leyendas urbanas de todas las clases como,
por ejemplo, la leyenda que hablaba sobre judíos que utilizaban sangre
de niños cristianos para realizar la Pascua. Pero el punto álgido del
antisemitismo viene durante el siglo XV. Literalmente se les echa la
culpa de la aparición de la Peste Negra.
Peste que, supuestamente, han provocado los judíos envenenando pozos
con extraños brebajes y malas artes. Los muertos judíos se cuentan por
millares durante la Edad Media y en los albores de la Edad Moderna. La
cosa parece calmarse durante los años venideros.
Con
la aparición de los grandes imperios modernos y los nacionalismos de
mediados del siglo XIX, los judíos vuelven a ser perseguidos por toda
Europa. Se les acusa de usureros y de causar todos los problemas
económicos de las grandes potencias. Aparece entonces el movimiento sionista,
un movimiento que tiene como objetivos claros la unidad política y
religiosa del pueblo judío en torno al territorio de Israel, un
territorio que hacía muchos siglos había dejado de ser ocupado por los
descendientes de Abraham y donde, exceptuando pequeñas comunidades
pesqueras judías, la inmensa mayoría de habitantes eran de origen árabe.
Asimismo, el movimiento sionista tiene como premisa atacar a todo
movimiento antisemita que se les ponga por delante, una especie de yihad
bélica a la sionista. Los judíos habían despertado después de muchos
siglos de disgregación como un proyecto de unidad cultural y estatal que
buscaba, con la ayuda del poderoso caballero Don Dinero, la creación de
un país que después de la I Guerra Mundial
comenzó a confeccionarse de la mano de Gran Bretaña. Oleadas de judíos
llegaban a Israel y las tensiones con los árabes autóctonos no se
hicieron esperar. Todos sabemos lo que sucedió durante el nazismo y el fascismo italiano
con los judíos. No hace falta hacer un recuento de muertos para saber
la barbarie sistematizada que se cometió, la más atroz en la Historia
del hombre.
Etiquetas
negativas se establecieron sobre un pueblo siempre marginado, siempre
odiado, siempre repudiado por temor, ignorancia o envidia. Pero a mi
entender, no han aprendido nada a lo largo de su milenaria historia.
Después de la II Guerra Mundial por fin se establece un estado propio para los judíos, Israel.
Los sionistas habían cumplido su objetivo y, ahora que poseían una
unidad política y grandes influencias (económicas) en las grandes
potencias mundiales, parecía que había llegado la hora de gestar el gran
proyecto judío que esperaban desde que Moisés partiera de Egipto.
Con
toda la maquinaria militar y propagandística y con el beneplácito de
Estados Unidos e Inglaterra, la primera excusa fue buena para comenzar
una guerra con los palestinos que dura hasta día de hoy. Un conflicto
que se ha cobrado decenas de miles de muertos. Pero la guerra no es lo
que importa, sino el modo en que se hace. Destruyen el modo de vida
palestino, lo reducen a cenizas, los meten en guetos. ¿Acaso no hacía lo
mismo Hitler con ellos? ¿No es esto un holocausto? Evidentemente no es
lo mismo en cuanto a cifras, pero el desarrollo es exactamente el mismo:
el pueblo con poder político oprime al de en frente, le estigmatiza, le
llama terrorista. Le expulsa de su tierra igual que ellos fueron
expulsados de numerosos países europeos. Le quita su esencia cultural y
reduce su condición moral a cenizas. Consigue que niños y no tan niños
sean presas fáciles para el fanatismo islámico más radical. A Israel no
le conviene que Hamás y demás organizaciones semejantes desaparezcan, la
excusa para seguir oprimiendo y ganando terreno se les iría a pique y
toda la industria propagandística de suavización del conflicto por parte
de Estados Unidos no tendría una base sólida en la que apoyarse.
¿Realmente tienen tan poca memoria histórica?
Es
casi inhumano que un pueblo tan maltratado pueda hacerle lo mismo a
otro ante la pasividad mundial. ¿No son acaso igual o más radicales los
sionistas que los fanáticos islamistas palestinos? En una zona como
Israel, cuna de las tres grandes religiones monoteístas, debería
apostarse más por un Estado plural y tolerante, un Estado donde el
pueblo judío se quite las etiquetas que la humanidad injustamente les
puso. Etiquetas de las que parecen no querer desprenderse, haciendo que
desde hace unos años hacia la actualidad, el antisemitismo haya vuelto a
la palestra con un inusitado radicalismo. Durante la penúltima Guerra del Líbano,
se veían por los pueblos de la franja de Gaza banderas de Israel con
una esvástica en su interior en lugar de la estrella de David, que ahora
es más Goliat que nunca. La Humanidad avanza, pero no olvida de dónde
viene. Israel ha perdido el rumbo, ha convertido la venganza en su medio
de vida, el ataque preventivo lo ha transformado en defensa propia y en
su seno cultural parecen haber olvidado que hace menos de cien años
murieron 6 millones de judíos a manos de la dictadura más radicalmente
monstruosa de la Historia. En la memoria popular de Israel hay lagunas
históricas que alguien debería solventar antes de que todo estalle por
los aires.
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